Una flor para el recuerdo

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Griselda compró a Cintia una flor para su difunto marido. Probablemente Jessica la haya cargado hasta la tienda y Francisco la haya subido al furgón después de que Sidiki la cortase en el invernadero. Allí, hace unos tres meses, quizá fue Consolación quien la plantó y abonó.

La tradición de llevar flores a los familiares y amigos fallecidos engloba la dedicación de una cadena de personas. Desde quien lleva su ramo al cementerio hasta el agricultor que ha plantado, cuidado, cortado y seleccionado las flores para que el repartidor las transporte desde los invernaderos hasta las tiendas en las que las floristas abren las puertas antes de despuntar el día en la víspera de Todos los Santos.

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